Igor Landaluce: «La burocracia dificulta o ahoga el día a día del desempeño de las actividades»

En la larga trayectoria de Euskalerriko Eskautak han formado parte generaciones y generaciones de personas que han mantenido viva la esencia eskaut en Euskal Herria. Una de esas personas es Igor Landaluce Bueno, con el que la federación habló para conocer más de su historia y de los inicios del escultismo en el territorio.

Igor Landaluce, que ahora forma parte del comité de gurasoak del grupo eskaut Eskubeltz, ha vivido el escultismo incluso desde antes de nacer. Su padre y su madre se conocieron en el grupo eskaut Itxas Gane de Algorta (Getxo), que comenzó su andadura en 1958. En 1978, ambos, buscando un grupo en el que sus hijos, pudiesen empezar su proceso eskaut decidieron crear uno en la ikastola de Algorta. Allí es donde Landaluze disfrutó de las actividades tanto de chaval como monitor.

Igor Landaluce siempre ha vivido el escultismo tanto dentro como fuera de casa, cosa que para él ha sido “una gozada y un privilegio”, admite. Destaca que ese es el valor del escultismo: “Cuando eres chaval pasas el proceso y lo disfrutas, pero el poso bonito viene después, cuando lo buscas para los tuyos”.

Además, apunta que, tras todos los años vividos, los diferentes grupos de Euskalerriko Eskautak le han ayudado a encontrarse con personas y volver a compartir espacios. “Te juntas con eskauts que han sido de la generación de tu padre y de tu madre y de tu generación, ahora desde otro lado, con sus familias y recuerdas todo lo que has ganado con el escultismo”, cuenta Igor.

El recordar esos momentos lleva a Landaluce a destacar una vivencia especial con su padre, que acababa de pasar una mala racha con cáncer. Gracias a los grupos de Eskubeltz y Txispeleta consiguió emocionarse como nunca lo había hecho. Su padre pudo imponer la pañoleta tanto a su hija como a sus sobrinos a la vez y asegura que fue “el momento más increíble del mundo que hemos podido compartir con él, algo irrepetible”.

A pesar de que los tiempos cambien, Igor lo tiene claro: “El objetivo de educar en el tiempo libre y en unos valores como los que transmite el escultismo, sigue siendo el mismo”. Ese es precisamente el legado “una continuidad de generación en generación”, subraya.

Respecto al punto en el que se encuentra Euskal Herria actualmente Igor Landaluce hace hincapié en lo difícil que está siendo la vuelta a la normalidad tras la pandemia. Asegura que las instituciones “cada vez ponen más palos en las ruedas”  y que “la burocracia dificulta o ahoga el día a día del desempeño de las actividades”. 

Ahora los grupos no solo tienen que lidiar con que el cambio generacional no se dé de manera brusca, sino que tienen reaprender a hacer las cosas y lidiar con nuevos procesos.

Se puede ver un resumen de la entrevista en el siguiente vídeo:

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